Como trapacería encaminada a desconocer la voluntad popular, el fallo histórico que emitió la JCE luego del juntazo y el gacetazo, manchó las elecciones del 1978, ganadas por el PRD.
Como trapacería encaminada a desconocer la voluntad popular, el fallo histórico que emitió la Junta Central Electoral (JCE) luego del juntazo y el gacetazo, manchó las elecciones del 1978, de las que el candidato presidencial ganador, Silvestre Antonio Guzmán Fernández, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), recibió un poder mutilado.
Para muchos analistas e historiadores este dictamen fue el resultado de una negociación de aposento que, mediante maniobras, truchimanerías y represión impuso el entonces presidente Joaquín Balaguer, a la sazón candidato presidencial del Partido Reformista (PR), para que la JCE le adjudicara cuatro senadurías y una diputación que no ganó.
Autores como Sandino Grullón, en su libro Historia electoral dominicana, y Ángela Peña, en Campaña y crisis electorales, atribuyen la actitud del líder reformista a un interés de controlar el Senado para evitar que los responsables de actos de corrupción durante su gobierno de los 12 años pudieran ser juzgados por el Congreso.
El PRD o partido del jacho prendío participó junto a la Alianza Social Demócrata (ASD) en el denominado Acuerdo de Santiago, y el Movimiento Nacional de la Juventud (MSJ) se fusionó al PR o partido del gallo colorao.
Mientras, el Movimiento de Integridad Democrática (Mida), el Partido Quisqueyano Demócrata (PQD) y el movimiento de Conciliación Nacional (MCN) formaron una coalición denominada Oposición Unida, que llevó como candidato presidencial a Francisco Augusto Lora y a Manuel Enrique Tavárez Espaillat, a la vicepresidencia
En estas elecciones, Balaguer, casi ciego, buscaba su tercera reelección como el Candidato de la paz, apoyado en su programa de viviendas y otras construcciones y su alegada justicia social, aunque su fuerte estaba, según analistas del proceso, en una maquinaria militar que reprimía a los opositores reales o sospechosos.
De hecho, las cárceles estaban llenas de presos políticos, que Balaguer consideraba políticos presos, y el aparato militar y policial se mantenía activo para reprimir cualquier protesta estudiantil o de partidos de izquierda, de cuyos miembros no pocos cayeron abatidos a tiros.
Por su lado, el PRD y su candidato Antonio Guzmán, con el lema de El cambio, tras su no participación en los comicios del 1970 y su retiro, como Acuerdo de Santiago, en los del 1974, a causa de la represión, habían decidido, como pregonaba su secretario general, José Francisco Peña Gómez, que esta vez las huestes del partido del buey que más jala sacarían a Balaguer del poder con una montaña de votos blancos que absorbería cualquier fraude.
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