miércoles, 23 de marzo de 2016

Causas y consecuencias de la invasión norteamericana de 1965 en la República Dominicana.


Con la excusa de que había comunistas envueltos en el derrocamiento de Donald Reid Cabral, Estados Unidos invadió el país en abril de 1965.
El profesor Juan Bosch, fue derrocado siete meses después de haberse juramentado como presidente constitucional de la República Dominicana, el 24 de septiembre de 1964, por una facción de las Fuerzas Armadas liderada por Elías Wessin y Wessin.
Bosch fue el primer Presidente electo democráticamente luego de los 30 años de la dictadura Rafael Leónidas Trujillo.
Este hecho tuvo como precedente  la promulgación de la Constitución de 1963, que establecía entre otras cosas, la libertad política, religiosa y de expresión, el derecho a la vivienda, la igualdad entre hijos naturales y los nacidos bajo matrimonio, así como el retorno de los disidentes políticos y exiliados durante el régimen trujillista. También esta Carta Magna favorecía a los campesinos y trabajadores.
Prohibía, además, los monopolios, la apropiación de extensivas tierras y otros tantos proyectos innovadores que provocaron que diversos sectores acusaran al profesor Bosch y a su gobierno de comunistas. Asestado el golpe, Bosch sale al exilio a la isla de Puerto Rico.
Con el apoyo de los partidos minoritarios que perdieron en las elecciones de diciembre, las fuerzas armadas nombran un triunvirato para gobernar el país presidido por Emilio de los Santos e integrado por los doctores Ramón Tapia Espinal y Manuel Tavares Espaillat.
Éste Gobierno se caracterizó por hacer una mala administración pública, siendo arropado por la corrupción y represión contra el pueblo, dado estos hechos, el pueblo se manifestó en su contra con protestas en las calles.
El 29 de noviembre de 1964 la agrupación política 14 de Junio, llamada años más tarde 1J4, se levanta en armas en las montañas dominicanas declarando  guerra abierta contra el triunvirato.
El 21 de diciembre, Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder del movimiento y viudo de Minerva Mirabal, asesinada por el régimen trujillista, es fusilado en la sección Las Manaclas en la Cordillera Central.
Este asesinato provoca una gran indignación popular y motiva la renuncia del presidente del triunvirato, Emilio de los Santos. En el levantamiento guerrillero mueren 32 dirigentes y militantes de la agrupación política 14 de Junio.
Con el ascenso del  doctor Donald Reid Cabral a la presidencia del triunvirato la situación económica del país se deteriora; se llega a acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras que la miseria que sufrían los sectores marginados se agudizó.
Por otro lado, la corrupción administrativa motivó a un grupo de jóvenes oficiales que bajo la coordinación del brillante y joven oficial, coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, se sumieron en actividades conspirativas en los cuarteles con el fin de atender el clamor popular cada vez más poderoso, exigiendo la Constitución del 63 sin elecciones, así hicieron sucumbir al triunvirato presidido por Reid Cabral.
El 28 de abril de 1965, cuatro días después de iniciado el movimiento cívico-militar que acabó con el gobierno encabezado por Reid Cabral, con la excusa de la presencia de unos 53 dominicanos supuestamente comunistas, el gobierno de los Estados Unidos invadió República Dominicana.
Motivada en este hecho y por el temor de que en el país fuera a suceder algo similar al fenómeno socio-político registrado en Cuba en 1959, la administración del presidente estadounidense Lyndon B. Johnson ordenó el desembarco de la 82 División Aerotransportada de los Estados Unidos, con lo que por segunda ocasión en el siglo XX se violaba la integridad territorial de la nación dominicana. La invasión norteamericana buscaba preservar su dominio sobre suelo dominicano.
Uno de los hechos de mayor importancia para los militares constitucionalistas fue su reintegración  a las Fuerzas Armadas con el respeto de sus rangos; la realización de un “Acto Institucional” inspirado en las libertades, derechos políticos y civiles consagrados en la Constitución de 1963.
Esta intervención terminó el 21 de septiembre de 1966, fecha en que se completó la retirada de tropas de la llamada Fuerza Interamericana de Paz, y con el acenso del doctor Joaquín Balaguer a la presidencia de la República Dominicana el 1 de junio de 1966.
    Los Doce Años de Balaguer
    El mandato de Joaquín Balaguer, de acuerdo con sus auspiciadores norteamericanos, tenía como primera meta la desarticulación y destrucción de los grupos populares que habían participado en la Revolución de Abril del 65. Para ello utilizó tanto al ejército como a un grupo paramilitar de matones profesionales llamado “La Banda”, a los que calificaba en sus discursos de “fuerzas incontrolables”. Se estima que más de 3,000 dominicanos fueron asesinados sólo entre 1966 y 1974. Al entregar la presidencia en 1978, Balaguer había exterminado a la juventud más prometedora y de ideas más avanzadas con que contaba la nación.
    Inversión extranjera. En el curso de su gobierno, extendido mediante represión y fraudes electorales a tres períodos constitucionales, Balaguer favoreció la inversión extranjera de capital estadounidense. De esta suerte, de 155 millones de dólares que habían invertidos en el país en 1965, se pasó a casi 600 millones de dólares en inversiones norteamericanas en 1977, las cuales abarcaban las áreas de las finanzas, las comunicaciones, el sector azucarero, el sector minero, turismo, zonas francas, etcétera. Entre las empresas que se instalaron o que ampliaron sus inversiones durante esa época se encuentran la firma canadiense-norteamericana Falconbridge Dominicana, dedicada a la explotación de ferroníquel; Rosario Dominicana, empresa norteamericana para la explotación del oro; Shell, Nestlé, Gulf & Western y Philip Morris.
    Ayuda económica y endeudamiento externo. Un total 122 millones de dólares fueron erogados por los Estados Unidos entre abril de 1965 y junio de 1966, a fin de evitar la paralización económica total del país. Esta suma aumentó a 133 millones de dólares anuales durante los tres años siguientes, mientras que de junio de 1969 a junio de 1973, la ayuda promedió unos 78 millones por año. Estos fondos fueron suministrados a través de donaciones y préstamos a largo plazo negociados vía la AID de los Estados Unidos. Además, el gobierno balaguerista garantizó la entrada de importantes cantidades de divisas gracias a la cuota azucarera dominicana en el mercado norteamericano.
    Obras de infraestructura. La inversión pública de los doce años estuvo dirigida en su mayor parte a la construcción de obras públicas: puertos, carreteras, acueductos, calles, escuelas, centros culturales, instalaciones deportivas, caminos vecinales, presas hidroeléctricas, etcétera. Las ciudades de Santo Domingo y Santiago concentraron el grueso de las obras, si bien también los demás poblados crecieron y se modernizaron.
    Crecimiento económico y desigualdad social. El flujo de inversión y ayuda económica proveniente en inmensa medida de los Estados Unidos contribuyó a dinamizar la economía nacional, haciendo que República Dominicana gozara de una de las tasas de crecimiento macroeconómico más altas de América Latina. Sin embargo, los beneficios se concentraron en la pequeña burguesía local que se consolidaba unida a los intereses extranjeros. Así, desde 1972 la tasa anual de inflación era de un 15%, el poder adquisitivo del peso descendió en un 26%, el índice de desempleo ascendió a más del 20%, el de subempleo superó el 60% y se congelaron los salarios.
    Corrupción gubernamental. Otra de las fuentes de riqueza desproporcionada que tuvo la pequeña élite nacional favorecida por el gobierno balaguerista fue la administración pública. Entre los funcionarios públicos, un sinnúmero de operaciones ilegales y actos dolosos adquirieron carácter generalizado y de normalidad: sobornos, contrabandos, cobro de comisiones, extorsión de empresarios, exoneraciones de impuestos se hicieron parte del día a día. Ante la imposibilidad de negar lo que resultaba demasiado evidente, Balaguer se atrevió a afirmar que la corrupción “se detenía en la puerta de su despacho”.
    Entrega del poder en 1978. En las elecciones de 1978 compiten el doctor Joaquín Balaguer con su Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), y Antonio Guzmán Fernández por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), organización política que había sufrido en 1973 la renuncia de su líder y creador, el profesor Juan Bosch, quien inmediatamente fundó el Partido de la Liberación Dominicana.
    La victoria abrumadora del PRD no es en principio aceptada por el Dr. Joaquín Balaguer, quien ordena el asalto militar de la Junta Central Electoral, interrumpe el conteo y confisca y destruye urnas de votos. Es necesaria la presión ejercida por los Estados Unidos de Jimmy Carter que se niega a aceptar un gobierno que no cuente con el voto de la mayoría. Empero, mediante la falsificación de los resultados electorales de modo que dieran mayoría senatorial y una amplia participación en la Cámara de Diputados al Partido Reformista, Balaguer se asegura el control del Senado y, con éste, del Poder Judicial (los jueces eran nombrados por el Senado).
    De esta forma se protege a sí mismo y a los miembros de su partido contra un eventual sometimiento judicial por cualquiera de los múltiples casos de crímenes o corrupción que se dieron en su prolongado mandato presidencial, y garantiza una importantísima cuota de poder mientras está fuera de la presidencia, a la cual regresaría por diez años más, desde 1986 hasta 1996.
    Joaquín Balaguer, uno de los funcionarios e intelectuales fundamentales de la dictadura trujillista, figura central de los 18 años posteriores a la tiranía, también dominaría la vida política nacional durante la débil “democracia” electoral que se instaura en el período que va desde 1979 hasta principios del siglo XXI